Respuesta de la Bethlemita

"Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con El aquel día" (Jn.1, 39).
Impresiona la inquietud suscitada en Juan y Andrés por las palabras de Juan Bautista: "He ahí el Cordero de Dios" (Jn.1, 35). Admiran y aman a su maestro, oyen sus palabras y siguen sus enseñanzas, pero el interés que Jesús despierta en ellos, hace que le sigan de inmediato. La pregunta ¿dónde vive?, porque ven con suficiente claridad que una persona se conoce mejor en su entorno, en la casa donde mora, en el paisaje que le sirve de marco. Y cuando van y ven dónde vive, "se quedaron con él aquel día", nos dice el evangelio.
Lo mismo sucede al Santo Hermano Pedro, cuando a través de la espiritualidad franciscana descubre el Misterio de Belén y se apasiona por él; y cuando tras largas oraciones ante el pesebre exclama con arrobo:”… ¡oh, Misterio de Belén!". Cuando ante el Dios hecho Niño, descubre su carisma e inicia una escuela de espiritualidad, en la que el libro más leído es el de la pobreza-humildad, escrito en pañales, en pajas, en frío, en soledad.
Nosotras bethlemitas, herederas del carisma de Pedro de Betancur, no tenemos que preguntar dónde mora el Señor. Para nosotras Él vive en Belén y allí nos espera para que vivamos la dichosa experiencia de haberlo encontrado y nos quedemos con El todo el día de nuestra vida terrena.
El gozo de ser bethlemitas, de vivir la maravillosa experiencia de haber descubierto al Dios hecho niño en Belén, es el que debe convertirnos en comunicadoras de "la dicha que vivimos" y en ejemplares de una vida consagrada que como la de Nuestra Señora de Belén, es acogida, adoración, amor al Dios Niño.

La pastoral vocacional, desde nuestra realidad de bethlemitas, es el acercamiento a las jóvenes para acompañarlas en su inquietud vocacional, suscitando en ellas la atracción por el Dios hecho Niño en Belén; animándolas a seguirlo en una vida de oblación, de sumisión al plan del Padre, en su abajamiento y humillación al asumir la naturaleza humana y pasar por uno de tantos.
Las Hermanas encargadas de la pastoral vocacional deben manifestar seguridad en su propia vocación, entusiasmo y alegría, profunda vida interior, amor y fidelidad al Instituto. Deben mostrar en su vida que la fraternidad vivida en comunidad es un verdadero don de Dios; y esforzarse en hacer de ella el atractivo mayor de la vida religiosa.
Todas las bethlemitas, debemos dar un testimonio de vida que hable por sí misma y mostrar que la vida consagrada es una verdadera realización de la persona. Es indispensable que seamos orantes, que demos testimonio de la experiencia de Dios, que hagamos de nuestra vida consagrada una invitación a seguir al Señor, que revelemos que la esencia de la vocación religiosa es ser y vivir para Dios solo. (En el Surco de la Historia pág. 130)
¿Qué es la Pastoral Juvenil Vocacional?

Es un espacio que propicia un diálogo y acompañamiento con los jóvenes que están en discernimiento de su vocación. El Papa Francisco nos amplía el tema del discernimiento en la Exhortación Apostólica Christus Vivit, y nos dice:
"Lo fundamental es discernir y descubrir que lo que quiere Jesús de cada joven es ante todo su amistad. Ese es el discernimiento fundamental. En el diálogo del Señor resucitado con su amigo Simón Pedro la gran pregunta era: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» (Jn 21,16). Es decir: ¿Me quieres como amigo? La misión que recibe Pedro de cuidar a sus ovejas y corderos estará siempre en conexión con este amor gratuito, con este amor de amistad". (n.250)
Discernir es entonces un camino, un proceso y un encuentro con la Persona de Jesús, para descubrir la voluntad de Dios en la propia existencia. (Hna. Andrea Lara)